Me persiguen los botones desabrochados a los que nadie dejó en libertad, las estrellas de la noche en que olvidé besar las líneas fronterizas de tu cuerpo bajo aquel manto de luciérnagas refulgente.
El corazón acongojado destiñe y desquebraja al compás del sístole perdido que no halla diástole que relaje, moribundo latido extraviado en la marea de viles pensamientos.
Enternecedora coalisión entre los roces de las yemas de almas inexistentes, caricia inolvidable que tuvo lugar en ninguna parte de ningún lugar... como aquellas notas maestras que tocó la persona que jamás sostuvo un instrumento entre sus articulaciones desgastadas.
Como pregunta que no escuchaste de los labios vestidos de deseo, como deseo que se disolvió en la milésima antes de que pudiera nacer, así fue como nos resignamos nosotros, como todo aquello que nadie echó en falta por el mero hecho de su inexistencia.
(BodriosRock)
