Pequeño, pequeño
grandullón. No sabes lo que me alegra recibir cada uno de tus escritos,
mientras tengas las ganas será un placer recibirlas tanto para bien como para
mal. ¿Sabes? En ocasiones pienso que sería bonito que éstas no-cartas sí-cartas
fueran en papel, en puño y letra para tenerlas guardadas en algún sitio. Tal y
como las películas.
Pienso
que creo demasiado en los cuentos de hadas, me gustaría que mi mente fuera
distinta, suprimir todos esos ideales del amor y ser capaz de distinguir
realidad de ficción. Pero bueno, por ahora voy a seguir viviendo en mi castillo
encantado en el que de alguna manera te he esperado tanto (Tenía 12 años y tú
estabas a lo lejos, a unos pocos kilómetros, yo me escondí, tú te fuiste
-¿Hubiera sido distinto si nos hubiéramos conocido ese día y no unos pocos
después?-, yo quise no haberme escondido).
Me hace
gracia que pienses que mis razonamientos en ocasiones son maduros y que te dé
miedo, que pienses que soy demasiado para ti –yo tengo esos temores a la
inversa-, la mayoría andan de aquí para allá sin una base lo suficientemente
sólida como para llegar a creérmelos. También me hizo gracia que me dijeras que
cuando hablaba lo hacía como si estuviera segura de lo que digo aunque no fuese
el planteamiento adecuado, siempre me he identificado con la inseguridad de mis
ideas. Te estoy hablando de castillos encantados y de amor, la gente que habla
de esto como si fuera parte de ella, y que cree en ellos después de tanta
psicología y tanto estudio del cerebro no suele ser gente muy coherente.
En fin,
te digo lo que ya leíste, y volviendo a la realidad, que quiero que disparemos
todas las balas que tengamos mientras tengamos a mano las armas adecuadas ¿el
después? Quién sabe del después, somos un presente, el pasado se esfumó y no
podemos cambiar ni un solo paso hacia atrás ni otro hacia delante… el futuro…
sólo podemos imaginarlo y crearnos unas expectativas de mierda, realistas, o
cagarnos en todo eso e imaginarnos con esos puñetazos en el estómago de los que
hablabas durante una eternidad.
Eso me
acobardó, me acobardó que escribieras sobre esos puñetazos que sentimos y sobre
todo porque los quieras retener, porque no quieras que cambien nunca… mis
cuentos están hechos de ese mismo material, pero saliendo de ellos, creo que
sabemos que eso es harto difícil. Por eso a pesar de mis miedos (que gracias a
estas no-cartas sí-cartas se van escondiendo poco a poco) quiero vivir lo único
cierto, el presente, el presente en el que nos besamos y pierdo las fuerzas, el
presente en el que podría quedarme abrazada a ti una eternidad, el presente en
el que sentirte dentro de mí es sentirme en universos paralelos, éste presente que
me hace escribirte esto con un poco de las plumas de las alas que tengo por ahí
perdidas.
Llevo
demasiado tiempo cortándome las alas, convenciéndome con otros chicos de que
nada va a ser perfecto, tragándome las palabras… por eso siendo contigo me está
costando tanto el volver a hacerlo, porque además de que de por sí llevo años
así, tú has sido el imposible o la palabra “paciencia” en sí… y tengo media sonrisa mientras escribo esto
sabiendo que lo vas a leer. Que estás consiguiendo que me sienta cómoda
realmente mientras te lo muestro, que expulse mis sacudidas para que las
conozcas sabiendo que de alguna manera puedes llegar a comprender gran parte de
ellas.
En fin,
te sigo hablando de algunas plumas pequeño grandote, aún me da pánico que al
leer cualquier frase en especial quieras retirarte y salir corriendo. Pero de
todo se aprende, y estoy dispuesta a aprender de ti el fracaso o la victoria,
que a su vez pueden ir tan unidas como la tinta a un libro.
Me encantas,
me sacudes por dentro, (¡cómo hacemos difícil lo más simple!), y ante todo quiero
que no dudes de eso, que sepamos mantener un equilibrio equidistante y no menguarnos
el uno ante el otro. [Y que no cambio
nada]
Te abraza en formato oso –B.
