Y esque yo...

A veces me escondo... ¡Otras salgo aguerrida!

14.1.14

Cartas no-cartas, sí-cartas.

 Pequeño, pequeño grandullón. No sabes lo que me alegra recibir cada uno de tus escritos, mientras tengas las ganas será un placer recibirlas tanto para bien como para mal. ¿Sabes? En ocasiones pienso que sería bonito que éstas no-cartas sí-cartas fueran en papel, en puño y letra para tenerlas guardadas en algún sitio. Tal y como las películas.

Pienso que creo demasiado en los cuentos de hadas, me gustaría que mi mente fuera distinta, suprimir todos esos ideales del amor y ser capaz de distinguir realidad de ficción. Pero bueno, por ahora voy a seguir viviendo en mi castillo encantado en el que de alguna manera te he esperado tanto (Tenía 12 años y tú estabas a lo lejos, a unos pocos kilómetros, yo me escondí, tú te fuiste -¿Hubiera sido distinto si nos hubiéramos conocido ese día y no unos pocos después?-, yo quise no haberme escondido).

Me hace gracia que pienses que mis razonamientos en ocasiones son maduros y que te dé miedo, que pienses que soy demasiado para ti –yo tengo esos temores a la inversa-, la mayoría andan de aquí para allá sin una base lo suficientemente sólida como para llegar a creérmelos. También me hizo gracia que me dijeras que cuando hablaba lo hacía como si estuviera segura de lo que digo aunque no fuese el planteamiento adecuado, siempre me he identificado con la inseguridad de mis ideas. Te estoy hablando de castillos encantados y de amor, la gente que habla de esto como si fuera parte de ella, y que cree en ellos después de tanta psicología y tanto estudio del cerebro no suele ser gente muy coherente.

En fin, te digo lo que ya leíste, y volviendo a la realidad, que quiero que disparemos todas las balas que tengamos mientras tengamos a mano las armas adecuadas ¿el después? Quién sabe del después, somos un presente, el pasado se esfumó y no podemos cambiar ni un solo paso hacia atrás ni otro hacia delante… el futuro… sólo podemos imaginarlo y crearnos unas expectativas de mierda, realistas, o cagarnos en todo eso e imaginarnos con esos puñetazos en el estómago de los que hablabas durante una eternidad.

Eso me acobardó, me acobardó que escribieras sobre esos puñetazos que sentimos y sobre todo porque los quieras retener, porque no quieras que cambien nunca… mis cuentos están hechos de ese mismo material, pero saliendo de ellos, creo que sabemos que eso es harto difícil. Por eso a pesar de mis miedos (que gracias a estas no-cartas sí-cartas se van escondiendo poco a poco) quiero vivir lo único cierto, el presente, el presente en el que nos besamos y pierdo las fuerzas, el presente en el que podría quedarme abrazada a ti una eternidad, el presente en el que sentirte dentro de mí es sentirme en universos paralelos, éste presente que me hace escribirte esto con un poco de las plumas de las alas que tengo por ahí perdidas.

Llevo demasiado tiempo cortándome las alas, convenciéndome con otros chicos de que nada va a ser perfecto, tragándome las palabras… por eso siendo contigo me está costando tanto el volver a hacerlo, porque además de que de por sí llevo años así, tú has sido el imposible o la palabra “paciencia” en sí…  y tengo media sonrisa mientras escribo esto sabiendo que lo vas a leer. Que estás consiguiendo que me sienta cómoda realmente mientras te lo muestro, que expulse mis sacudidas para que las conozcas sabiendo que de alguna manera puedes llegar a comprender gran parte de ellas.
En fin, te sigo hablando de algunas plumas pequeño grandote, aún me da pánico que al leer cualquier frase en especial quieras retirarte y salir corriendo. Pero de todo se aprende, y estoy dispuesta a aprender de ti el fracaso o la victoria, que a su vez pueden ir tan unidas como la tinta a un libro.


Me encantas, me sacudes por dentro, (¡cómo hacemos difícil lo más simple!), y ante todo quiero que no dudes de eso, que sepamos mantener un equilibrio equidistante y no menguarnos el uno ante el otro.  [Y que no cambio nada]        

 Te abraza en formato oso –B.

13.1.14

Alfonsina y el mar.


Cuando muera quiero cenizas en el mar, quiero la canción de "Alfonsina y el mar" de Mercedes Sosa,
quiero sonrisas -porque me estoy yendo anciana al lugar que más amo (sea anciana de veras o no)-,
 porque me estaré yendo.


6.1.14

-

No lo entiendes, me pides palabras que no están firmadas, me exiges que me desnude y no sólo
para follar, y no entiendes que es más fácil verme las tetas que ver lo que hay detrás de ellas. Te enfada, te desespera mi silencio pero no te das cuenta de que dice más que cualquier frase que pueda escupirte y que moje tu cerebro de forma innecesaria.

Son mis fantasmas, no quieras que sean también los tuyos por ahora, simplemente vamos a intercambiar las cosas sin forma que no asustan y por favor... no me lo digas. No me vuelvas a mencionar que te irás. Sé perfectamente que tienes alas, y eso te hace jodidamente especial, tanto que me dan ganas de pegarme unas con celofán a ver si consiguiera hacerme pasar por una especie de ángel a tu altura o algo por el estilo.

Pero por favor, no me lo repitas, no mientras estemos de cuerpos presentes cargándonos el mundo a balazos con nuestra maldita perfecta visión de fantasías. No lo hagas, estoy demasiado acostumbrada a tirar la toalla cuando ya alguien la va a tirar en mi lugar, y nosotros nos merecemos una historia bonita, más bonita que la de esas parejas vulgares que no tienen palomas en las yemas de los dedos.

Vamos a quedarnos sin munición mientras estés aquí, vamos a malgastar todas las balas que nos queden. Y espera por favor... espera y entiende sin presionar que tengo miedo, y que no puedo desmantelar ésto para ti hasta que nos hayamos comido todo lo que hay en la mesa.

Tú... pensar que eres tú.
Tú que estuviste aquí dentro desde que tengo conciencia de latidos acelerados y miedos.
Tú que fuiste el único, la comparación que si viniera a por mí sería la única opción posible.
Nunca has dejado de estar aquí, por eso, vamos a cargarnos todos éstos años a polvos y caricias, que ya te digo... creo que nos lo merecemos y las cartas están echadas a mala leche.


3.1.14

Lluvia.


Me pidió tiempo y le dije "lluvia".

Y llovía.


2.1.14

Chispea.



-Tranquila, solo está chispeando, es llovizna nada más... no tengas miedo.

-¿Cómo no voy a tener miedo si me dices que es sólo llovizna y yo ya estoy ahogándome? ¿Puedes imaginar lo que pasará cuando venga el chaparrón?

-Adiós...


Ausencia del mar y lágrimas.




Mis lágrimas pueden ser dulces por la ausencia del mar, pero eso no refleja dulzura, sino pura mierda.

Puta locura momentánea.


Me muerdo de ganas por decirte que quiero ser la sangre de tu poesía, el infierno en el que ardes, quiero ser la puta que te haga triturar tus sesos, y que los estampes contra el puto papel después de una paja lejos de mí. Quiero que te tires al puto tren por no haber raíles que te traigan hasta la cama en la que sabes que yazgo muerta de placer follando con otro. Joder, quiero ser eso que buscas hasta la saciedad, quiero que me busques y no me encuentres, quiero que te pudras en tu colchón pensándome.

Que te toque a tí tartamudearme, tirarte si me tiro, que no sea ella a la que recuerdes, si no a mí, y solo a mí. Ser tu droga chunga, tu puñal, el viento punzante que te jode la cara mientras paseas por la noche en mi portal cagándote en el puto miedo que no te deja llamar a mi puerta. Ser la posibilidad imposible que te abrace cuando solo te quede sitio para mí en tu habitación vacía, y joder, que no esté ahí, que no me tengas para decirme que me quieres a morir.

Quiero ser el amor romántico suicida que llora Cohen, la puta demencia que te lleve al manicomio, ser tan real como irreal. Ser ese maldito nombre en la pantalla de tu móvil que miras mientras estás borracho gritando mi nombre al vacío por el que caes. A la mierda, quiero ser todo y más, quiero ser la puta locura de la que hablan algunas canciones y que te acuerdes, que me odies, que me quieras follar hasta explotar de tanto odio invertido.

Mierda, escríbeme, mierda pon mi nombre a tus poemas, mierda quiéreme hasta que te reviente cada uno de tus órganos tal y como hago yo contigo hasta que se me paraliza la espina dorsal del frío y se rompe en pequeños cristales chirriantes en cada una de mis neuronas. Inviértete por mí y haz la locura de quererme tanto como yo te estoy queriendo aquí y ahora. Aquí y ahora, que no es un antes ni un después;           que es una puta locura momentánea.

Quiero ser jodidamente mala...