Y esque yo...
A veces me escondo... ¡Otras salgo aguerrida!
23.12.13
Colección de miradas.
Ensimismada en las miradas, a través de la mía y pasando por todo mi cerebro, en un porcentaje absoluto de un 2% (según esa conferencia última que escuché respecto insaciable órgano que se aloja en nuestra cabecita), camino por las calles de Murcia. He encontrado el brillo de las miradas que constantemente busco, éste se halla en los niños; no en los niños de 10 años (aquí ya empiezan a desvanecerse), sino en los niños-bebes de apenas dos docenas de meses de vida.
La mirada del niño-bebé es esa que caracteriza la constante observación, el recliclaje de emociones, el brillo insaciable de esperanzas y sueños inocentes. Me gustan los niños-bebés, ahora más bien me apasionan, allí, en sus silletas, espabilados, echado su cuerpo hacia delante mientras intentan abarcarlo todo, queriendo no perder detalle del entorno que les rodea, éste universo extraño en el que han aterrizado sin darle una mínima importancia a un por qué.
A veces les imagino brincando por cada rincón en el que se posan sus ojos, urgentes por no dejar nada fuera de su alcance, aún en su posición amarrada de un vehículo propulsado por sus mayores.
Después de ésta mi cavilación y pasional armonización con los pequeñuelos primogénitos de ésta ciudad, he pasado a un juego cuanto menos curioso y objeto de mi diversión. Las personas solemos imaginarnos a los niños en un futuro: "¡Cómo de guapo será! ¡Pobre, esa nariz crecerá zanahórica! ¡Será un hombre muy listo, mirad cuánto sabe ya!" A mí, al contrario, me ha dado, fíjense por donde, por invertir éste rutinario juego; pasando así a ver a los adultos que tanto nos divertimos en ésto, como los niños-bebés con mirada de niños-bebés que fueron. Éste grato entretenimiento me ha tenido ocupada vivazmente durante algunas horas, es harto divertido imaginar a esa mujer de gafas con cara de "no me da tiempo a pasar por el supermercado" con un chupete en la boca, un lazito rosa en su cabeza y riendo con las muecas de sus mayores mientras hace pompitas de baba. Y ya ahí, me pregunto ¿Alguien la imaginó tal y como es ahora cuando fue lo que yo imagino que pudo ser? Este lo he repetido con cientos de caras, con cientos de niños babeando, llorando, riendo, observando en ceño fruncido, hasta agotarme de sonrisas. Cuántos se perdieron en el camino.
Cuántos han dejado su esencia en la vileza de una mirada apagada y sumisa, una mirada que no abarca apenas una vida interior podrida en la vulgaridad. Con ésta no me refiero -no se me malinterprete- a ver personas tristes y enfadadas y sentir lástima sobre ellas, no, también adult@s con una sonrisa de boca a boca me han hecho sucumbir a la tristeza; empero, personas tristes han echo resurgirme en la esperanza de las no muchas -pero si existentes- miradas de niño-bebé que salvan la grisácea vulgaridad. No es pues el estado de ánimo, sino el brillo rafagado de sus ojos el que colecciono. Es una colección muy cuidada, y cada vez los adultos se alejan más y más de su admisión en este colectivo. Tengo un par de personas jóvenes, alguna mujer maquillada, un vagabundo, un señor con una boina, ancianos, muchos ancianos y ancianas entre otros, y aquí paro y me voy por las ramas, pues éstos sí que merecen una observación aparte entre otras diversas clasificaciones personales y llegan al final de mi recorrido de ésta mañana.
Los ancianos concentran gran parte de mi atención como excepciones parecidas a las de los niños-bebés, pero en ellos, cuando la ausencia del brillo se hace de notar, quebraja cuanto muchísimo más una grieta abierta al miedo -a mi miedo-; el de una persona anciana que no ha sido capaz de recobrar su mirada de niño-bebé.
Debe de ser terrible vivir hasta el fin de los días sin reconquistar esa visión infantil, carecer de esperanzas y quedarse parado y con la mano sujeta de la sudorosa insatisfacción por todo.
Ya es bastante triste que la mayoría de las personas vuelven al brillo en la vejez... pero no volver... eso no. Eso me aterra.
18.12.13
Joder, me asusto con tanta facilidad que es imposible explicarme que no sirve para nada el maldito miedo. Supongo que es natural, no tengo las herramientas suficientes en mi cajita como para arreglarme, la mayoría se me han perdido por el camino y no tengo bastante dinero como para comprarme una nueva. Hay que trabajar me dicen, pero lo único que trabaja aquí es mi cabeza insistiéndote en que hay un hueco vacío y en que tú encajas perfectamente. Soy yo la que no encaja ni en mi propio hueco. Tú pareces hecho para encajar a la perfección en todos los vacíos, y el mío como sabes es un vacío triste y suicida, y eso, que aún me impresiona que te guste y que lo hayas elegido para que las yemas de tus dedos pasen aquí su tiempo libre. Por si acaso pretendes seguir adelante, como todo indica, te dejo aquí mi muñequita vudú, juega con ella pero con cuidado, que ya le han arrancado alguna que otra vez extremidades, y la costura no se me da bien del todo. Por suerte ya no exige demasiado, le sirve con unas caricias reales y unas llamadas a deshora para que sepa que la echas tanto de menos como ella a tí.
Por cierto... pareces de mentira ¿lo sabes?, siempre lo has parecido, pero ahora que estás aquí batallando eres más irreal que nunca. Tengo que creerte, tengo que creer para hacerte real. Pero primero tengo que empezar por mí, por saberme viva después de todo, para así, aceptar que puedes coger tu mochila e irte en el momento más frágil con la luna a cuestas, porque yo también lo he hecho, y si no me perdono y no me creo, jamás nos perdonaré una lucha en vano. Pareces tan irreal entre tanta mierda... y quiero que te quedes un ratito más, a cambio, yo me quedo, [y si él se tira... que es cierto, que yo me tiro].
No me tomes en cuenta que sienta tanto como lo hago, ni intentes convencerme de que no es bueno, porque sino no seré yo de la persona de la que te enamores.
[Parece irreal entre tanta mierda].
Por cierto... pareces de mentira ¿lo sabes?, siempre lo has parecido, pero ahora que estás aquí batallando eres más irreal que nunca. Tengo que creerte, tengo que creer para hacerte real. Pero primero tengo que empezar por mí, por saberme viva después de todo, para así, aceptar que puedes coger tu mochila e irte en el momento más frágil con la luna a cuestas, porque yo también lo he hecho, y si no me perdono y no me creo, jamás nos perdonaré una lucha en vano. Pareces tan irreal entre tanta mierda... y quiero que te quedes un ratito más, a cambio, yo me quedo, [y si él se tira... que es cierto, que yo me tiro].
No me tomes en cuenta que sienta tanto como lo hago, ni intentes convencerme de que no es bueno, porque sino no seré yo de la persona de la que te enamores.
[Parece irreal entre tanta mierda].
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