Y esque yo...

A veces me escondo... ¡Otras salgo aguerrida!

26.8.14


Pues sí, te vas a acordar de mí.
Lo quieras o no seremos un sueño destruido por el que yo luché y tú temblaste.
Un sueño que quizás construí yo sola pero en el que tú habitaste desorientado y con una sonrisa en tu boca y una erección en tu pantalón. Que te caías y te encantaba que yo estuviera debajo para soportar todo tu peso y tu rabia desembocándose en mi vientre. Y sí, te vas a acordar de mí porque te fuiste muerto de miedo por perderme y me perdiste. Porque estás a tal distancia de mis tobillos que ni te crees que pudieras tener la oportunidad de besarlos en algún momento de tu vida. Y yo sonrío con esa típica mueca de quien lo sabe todo viéndote marchar a tí y a todo lo que un día construí a tu alrededor. Las casas que se construyen a distancia y dentro de la ilusión, fuera de toda racionalidad ,son casas que hasta la hormiga que se posaba en el lomo del lobo del cuento de los tres cerditos podría derrumbar con un estornudo. Y yo me alegro de haberte tenido después de tantos sueños que forjé desde la adolescencia, para poder dar el paso que suplanta a ese amor adolescente por el amor real y la dignidad propia.
Cariño, eres un gilipoyas integral, y te dejé pasar sobre mí tantas veces en tan poco tiempo que me alegro de que hayas ido, te mando un escupitajo para que te salves un poco de toda la mierda que cagas y rodea a los demás. Ojalá no seas tú, y que los sueños que tantas veces pedí a las estrellas fugaces durante tantos años los recoja un tio con un poco más de cabecita que tú.

Muacs.

6.8.14

Advertencia.


En realidad no soy esto. Solo para que lo sepáis.
Solo soy una parte valiente. O acojonada. O algo.

Tampoco escribo. Solo escribo. Así que dejarse los juicios para quien lo haga.

Cabrón.

Cabrón, maldito cabrón.
Se me ha formado un hueco en el lado izquierdo del pecho que necesita llenarse con tus palabras. Y tú, cabronazo. Tú has escrito un libro demasiado corto. Te escribiría en cada pausa de tu poemarío, justo ahí donde dejas dos páginas en blanco para follarse la cabeza o que te de tiempo de ir a comprar una espeta y volarte los sesos ahí. Ahí, sí, justo ahí, en ese espacio-temporal blanco, ahí te escribiría: Quiero follarte hasta el alma. Cabronazo.
No te voy a decir que no quiero nada, lo quiero todo, quiero un poema tuyo para mí y para siempre, y lo quiero ahora.
Cabrón. Cabronazo.

Si aparecieras aquí ahora mismo. Si llamases a mi puerta... no sé, ¿besarte o abofetearte?

-Cabrón. Cabronazo -¡Plas!- y ahora desnúdate y fóllame que necesito que me abraces mientras me duermo desnuda, y el protocolo, es el protocolo.

De viajar y de ti que no eres nadie si no yo insegura. O algo que quiere ser algo o dejar de serlo.

Además, resulta que Roma tiene tu nombre en mi mapa. Que vamos, que se puede quedar lejos y tal, pero en todo caso tú careces de pasaporte y yo paso de fiarme de tu identidad.
¿Por qué?
Pregunta a los seguratas del aeropuerto. 

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Las parábolas de los ojos en los trenes las escribo yo.

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¿Cuántas clases de pavimentos has hecho construir bajo tus pies para cuando caigas herido?
Qué tierno tú tan en la madurez cuando no tienes ni puta idea de nada.


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-¿De dónde vienes?
Le preguntó la extranjera al nativo.

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Las mujeres con instinto maternal desde jóvenes. Los hombres tan niños hasta que mueren.

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Te enhebras a la perfección en mí. Tu aguja es de la medida justa para tejerme la piel.

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El amor se estudia mejor a lontonanza. Pero los críticos de arte no tienen ni puta idea si les sacas de su estilo.

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Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro, pero yo elijo que mitad.

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Me siento como una frase de Maldita Nerea entre un Nocturno de Chopin.
Basura.

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Antes de coger un avión, desde el aeropuerto, me gusta mirar los aviones despegando y elevándose en el aire para desaparecer en la nada. Me gusta también imaginarme allí arriba desde aquí abajo, y verme volar.
Porque es distinto el volar a el imaginarte volando, y claro; eso las azafatas de Ryanair no lo sabían.

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Y desde el avión hacer el pinball en las nubes. O tumbarse a tomar el sol en el ala de éste, cambiar la pegatina de Ryanair por la de "Impertinencia".
Yo soy de las que sonríen si se sientan junto a una ventana. Siempre y cuando no llueva. Desde arriba la lluvia no se ve.


Ya, pero es que yo no quiero hablarte de mí.
Quiero hablarte de nosotros.