Son tantas las canciones que tengo ahora que te has ido. De la radio o de spotify, de anuncios, de sorpresa, joder, todo me recuerda a ti. Desde la noche que sabía que te irías, pasando por las noches que me suplicas que vaya, los días que pienso en volver a intentarlo, los días que he intentado convencerte de la vida, los que miramos tus muñecas como heridas pasadas, los que tengo miedo de no volver a verte.... Los días en que sé que no es posible, ya no. Es demasiado tarde.
Es duro decir adiós a la persona que más amas, porque no te quedan ya fuerzas para afrontar lo mismo una y otra vez. Cuando has dado tanto solo quedan migajas. Y sacar esa fuerza sobrenatural para salvarte todas esas noches en las que te quieres quitar la vida... darme toda esa responsabilidad... tú que me echaste de tu lado tantas veces por tus abismos. Es una situación enfermiza, pero ¿cómo dejar que muera el amor de tu vida? ¿Cómo salvarle si no te queda una sola esperanza en vosotros ya?
¿Por qué me das a mi la responsabilidad de ir por las noches en el coche a toda leche llorando del miedo por si no te voy a encontrar con pulso? ¿Por qué me haces luchar por convencerte en seguir viviendo o ir a buscar ayuda? ¿Por qué me llamas para decirme que que me vaya y deje que te mates?
No me quedan fuerzas.
De verdad.
No me quedan fuerzas.
Pero seguiré luchando por los dos, aunque esta vez no sea por nosotros.
Y esque yo...
A veces me escondo... ¡Otras salgo aguerrida!
30.4.17
4.2.17
¿Hablamos de literatura?
Hay veces que estoy leyendo un libro que me encanta, pero poco a poco empieza a hacerse más y más difícil de terminar, me cuesta mucho más concentrarme y disfrutarlo, hasta que llego a un punto en el que no me veo capaz de acabarlo.
Yo, al menos, soy de esas personas que no sabe dejar los libros a medias, me es de un esfuerzo desorbitante el rendirme, cerrarlo y dejarlo en la estantería como un fracaso; muchísimo más que terminar de leerlo y desecharlo como una mala lectura o una lectura que se me ha quedado demasiado grande (que también pasa).
Esto ocurre sobre todo si es un libro que ha creado en mí muchas expectativas iniciales y que creo que de veras lo merece, porras, tengo que luchar por él hasta el último momento, aún sabiendo que está retrasando todas las demás lecturas que esperan impacientes para maravillarme.
Pero a veces, solo a veces, y mirad que solo me ha pasado una vez, hay libros a los que les das muchas oportunidades y nunca cumplen lo prometido, y sin quererlo, odiando hacerlo, debes deshacerte de ellos con rabia y dolor. Te culpas y sabes que quizás deberías haberte esforzado más en algunos puntos de su lectura, pero llega un momento en que es el libro el que te echa, y tú sabes, que de alguna manera, tienes que dar las gracias porque lo único que consigue es estancarte y dolerte, y que esos párrafos a los que no has prestado tanta atención es porque idénticos, te han defraudado ya anteriormente. Pero pasa, joder.
Hay libros que no son para mí, y la verdad, otra cosa no sé, pero buena lectora me considero, ahora tengo que empezar a quererme más y leer solo lo que me haga feliz. Tú no puedes hacer bueno a tu criterio un libro por más que te empecines en seguirlo si ese libro no es para ti. Y tú no tienes la culpa, el libro tampoco, simplemente pasa.
Hay mucha mierda y mucha maravilla encerrada en la literatura, y según la clase de lector o lectora que seas -y el momento de tu vida por el que estés paseando-, lo que es mierda puede ser una maravilla, y lo que es una maravilla puede ser una grandísima y puta mierda. Pero la literatura nunca morirá y siempre habrá algo nuevo que te sorprenda.
`Pues lo mismo pasa con el amor.
24.1.17
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¿Cuántos años hace ya que creé este blog y con qué propósito exactamente?
Era yo una adolescente que empezaba a leer libros algo más complejos de lo habitual (no todos, he de confesar que leí a Federico Moccia muy afanosamente también), sacaba las mejores notas en redacciones y creaciones de historietas desde el colegio y tenía 3 diarios completos y 6 sin terminar. Una niñata para ser sinceros, me saltaba las clases para irme -todo muy prematuramente- a) de cervezas, b) a pasar horas con el ordenador c) a tomar cafés, d) fugarme con mi (era yo la portadora del término) amante o e) a leer en algún portal cercano al instituto. Problemática pero educada, absentista pero con inquietudes, pasota pero con ideales y presencia en todos los actos políticos-sociales liberales.
¿Sabéis qué es lo peor? Que sigo siendo esa adolescente tonta, solo que con un ápice de responsabilidad encima. No me reprocho en exceso quién soy, de hecho respecto a valores y personalidad estoy bastante orgullosa de mí misma, pero mi vago perfeccionismo (por llamarlo de alguna manera) y mis incongruencias varias resuenan cada noche en mi cabeza como martillazos.
Es por eso que cuando pasa x tiempo vengo aquí, siempre sin saber con qué propósito, al igual que cuando decidí que estaría bien tener un blog y ponerle un nombre tan ridículo como "meditando con las flores". No quiero cambiarlo, y tampoco borrarlo. Quiero que crezca de alguna manera. Siempre me ha ayudado escribir, desde muy pequeña, pero haberme convertido en una lectora sagaz me ha ido achicando a la hora de expresarme ante el papel. Pareciéndome todo, incluso mis pensamientos, una falta de respeto a la escritura. Ya no es el qué dirán, es el qué diré.
He decidido intentarlo, intentar volver a hablarme y no solo en los momentos de confusión, si no cada día (no nos pasemos, no nos pasemos) porque es una necesidad urgente que solventar. Aún obligándome a no mirar atrás en cada línea. ¿Volvemos a hacer un diario Bea? Necesitas no hablar con nadie, necesitas escribirte. Y eso haremos.
Era yo una adolescente que empezaba a leer libros algo más complejos de lo habitual (no todos, he de confesar que leí a Federico Moccia muy afanosamente también), sacaba las mejores notas en redacciones y creaciones de historietas desde el colegio y tenía 3 diarios completos y 6 sin terminar. Una niñata para ser sinceros, me saltaba las clases para irme -todo muy prematuramente- a) de cervezas, b) a pasar horas con el ordenador c) a tomar cafés, d) fugarme con mi (era yo la portadora del término) amante o e) a leer en algún portal cercano al instituto. Problemática pero educada, absentista pero con inquietudes, pasota pero con ideales y presencia en todos los actos políticos-sociales liberales.
¿Sabéis qué es lo peor? Que sigo siendo esa adolescente tonta, solo que con un ápice de responsabilidad encima. No me reprocho en exceso quién soy, de hecho respecto a valores y personalidad estoy bastante orgullosa de mí misma, pero mi vago perfeccionismo (por llamarlo de alguna manera) y mis incongruencias varias resuenan cada noche en mi cabeza como martillazos.
Es por eso que cuando pasa x tiempo vengo aquí, siempre sin saber con qué propósito, al igual que cuando decidí que estaría bien tener un blog y ponerle un nombre tan ridículo como "meditando con las flores". No quiero cambiarlo, y tampoco borrarlo. Quiero que crezca de alguna manera. Siempre me ha ayudado escribir, desde muy pequeña, pero haberme convertido en una lectora sagaz me ha ido achicando a la hora de expresarme ante el papel. Pareciéndome todo, incluso mis pensamientos, una falta de respeto a la escritura. Ya no es el qué dirán, es el qué diré.
He decidido intentarlo, intentar volver a hablarme y no solo en los momentos de confusión, si no cada día (no nos pasemos, no nos pasemos) porque es una necesidad urgente que solventar. Aún obligándome a no mirar atrás en cada línea. ¿Volvemos a hacer un diario Bea? Necesitas no hablar con nadie, necesitas escribirte. Y eso haremos.
19.1.17
Ser
Es noche de lámparas
de socarrón a la pupila
hirviendo, congeladas
manos y dedos que quiebran
la oscuridad de los focos
en una tierna calma muerta,
en una horrenda psicosis nerviosa,
me comerá la sombra de
quien desaparecí, de quien
fui o siempre, por qué no,
de quien anhelaré inútilmente
ardiendo encerrada ser.
Sigo la luz como me piden,
o como me amarran a no,
pero da igual, porque la luz
siempre, encendida y cegando,
apaga-se y tiembla todo lo que
alguna vez, de alguna manera quise ser.
Corro detrás de toda oscuridad,
y a esa sí, a esa sí que la alcanzo.
Soy.
de socarrón a la pupila
hirviendo, congeladas
manos y dedos que quiebran
la oscuridad de los focos
en una tierna calma muerta,
en una horrenda psicosis nerviosa,
me comerá la sombra de
quien desaparecí, de quien
fui o siempre, por qué no,
de quien anhelaré inútilmente
ardiendo encerrada ser.
Sigo la luz como me piden,
o como me amarran a no,
pero da igual, porque la luz
siempre, encendida y cegando,
apaga-se y tiembla todo lo que
alguna vez, de alguna manera quise ser.
Corro detrás de toda oscuridad,
y a esa sí, a esa sí que la alcanzo.
Soy.
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