Es noche de lámparas
de socarrón a la pupila
hirviendo, congeladas
manos y dedos que quiebran
la oscuridad de los focos
en una tierna calma muerta,
en una horrenda psicosis nerviosa,
me comerá la sombra de
quien desaparecí, de quien
fui o siempre, por qué no,
de quien anhelaré inútilmente
ardiendo encerrada ser.
Sigo la luz como me piden,
o como me amarran a no,
pero da igual, porque la luz
siempre, encendida y cegando,
apaga-se y tiembla todo lo que
alguna vez, de alguna manera quise ser.
Corro detrás de toda oscuridad,
y a esa sí, a esa sí que la alcanzo.
Soy.
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