La idolatría que sentimos es inocente y pura, dentro de todo lo puros e inocentes que podemos ser.
Somos hijos de la noche sin talento como muchos otros lo fueron, con nuestras litronas derramadas sobre nuestro porvenir, arrugas falsas en nuestra mirada, tiritas usadas en las conversaciones que somos capaces de entablar entre la muchedumbre y mucha, mucha cara partida entre lo que querríamos ser y lo que seguramente nunca seremos.
Y perdónennos si les molestamos, ustedes que son capaces de versar la existencia, ustedes que juegan a encontrar la palabra perfecta y lo consiguen una de cada tres veces, ustedes que saben tanto de romperse que nos enseñan como nos estrellaremos y como sabremos levantarnos para acabar de nuevo mordiendo el polvo y los polvorones en domingos de diciembre.
Perdónennos si nos aparecemos borrachos con grietas en la coherencia y balbuceando incongruencias sobre cosas que no importan lo bastante.
Perdón. Perdón, mil perdones por no poder expresar lo que quiero que entiendan con la facilidad que ustedes tendrían de escribirlo.
Solo, solo eso. Somos hijos de la noche y del paroxismo, y el simple hecho de poder observar su mortalidad nos tranquiliza. El simple hecho de tocar de lejos el talento que no nos fue dado. Todo esto que es como llamar a distancia a un vendedor ambulante de toque de gracia.
Perdonen de nuevo. La veintena nos tiene removidos y como ustedes hicieron; nos apresuramos para tropezarnos los antes posible y poder decir
"sé lo que esos versos querían decir".
Y esque yo...
A veces me escondo... ¡Otras salgo aguerrida!
29.12.14
21.12.14
Miró el reloj hasta que se hizo tarde.
Soy una simple mosca, bueno realmente no creo ser una simple mosca, mi complejidad podría asustaros, puedo superar intelectualmente a un 60% de la población española, o al menos a un 60% de la población española que he llegado a conocer. Por no hablar de las demás moscas, pocas moscas he conocido capaces de reflexionar sobre la existencia o tan siquiera de una mínima reflexión. Desde huevo mi madre sabía que sería especial, por lo tanto me soltó en casa de la niña. La niña no es una niña, ni yo supongo que soy una mosca. Debo de ser una mutación, quizás mi madre era más exquisita que las demás moscardonas a la hora de seleccionar su macho alfa, quizás mi padre no era tan siquiera un moscón y yo salí una mosca híbrida en todos los sentidos.
En fin, que nací y enseguida fui capaz de volar más alto que las demás, de no quedarme dándole vueltas a una mierda ni succionar de los contenedores. Por eso decidí quedarme a vivir en casa de la niña y cuando nadie me viera irme a las sobras de los exquisitos manjares de su mamá. Ese a pàrte del cariño a la criatura fue el principal motivo de mi selectiva vida sedentaria.
Desde pequeña, la niña. como yo, fue una niña muy especial, capacitada de una inteligencia emocional sobrenatural y una viveza e inquietudes que sobrepasaban las de los demás de su especie a su edad, incluso a muchas otras edades.
La niña lloraba mucho al principio, luego dejó de llorar. La niña era algo caprichosa de pequeña, pronto dejó de serlo. Sus padres siempre andaban preocupados por la pequeña, su entereza y su falta o exceso de palabra. Tenía una mirada de cortina que expresaba normalmente la brisa de un atardecer en el Mar Menor, que era el paisaje más explotado de todos a sus ojos verano tras verano.
La cosa es que pasa lo de siempre, la niña va creciendo, y tú la amas, porque es una niña, pero luego se vuelve revoltosa y no sabes como actuar ante sus errores, ante sus adolescentes escapadas, a verla hundirse en su propio hoyo. Y claro, la niña llora sin derramar una sola lágrima y sabe lo que está haciendo mal y tú quisieras consolarla pero eres la mosca que duerme en su casa de muñecas y luego encima de las fotos con sus amigas y más tarde entre los libros o los vértices de los cuadros. La ves crecer y ves que sigue nollorando mucho. Y tú te posas sobre ella y no te hace nada. Quizás un gesto para que te vayas. Nunca mata moscas, las aleja. Llegas a intuir que es lo que está aprendiendo a hacer con las personas también.
La mujer que se cree mujer llora. La mujer está vacía La mujer tiene miedo y se ha propuesto hacer un trato consigo misma. Tienes cinco años de margen. En esos cinco años harás lo que has de hacer. Serás incorregible y cambiarás tu vida. Si no lo haces, son cinco años. Nunca pensó que llegaría a ser una señora, por lo tanto la niña que se cree mujer y que no se ve capaz de aguantarse las voces raras de su cabeza que le dicen: "Hay agujero en tu cabeza" firma su contrato. Y si en cinco años no ha cambiado y no es una verdadera persona con estudios y trabajo la mujer se irá y de verdad que jamás llegará a ser una señora.
La niña está triste y la mujer y señora también.
La niña dice que son 5 años a partir del día 1 del año 2015. Si en el 2020 nada ha cambiado nada cambiará.
Y firma.
Y yo que soy una mosca me froto las patitas y juro que he creído en ella muchas veces, y después, no he creído en ella ni una sola vez más. Pero que hoy, hoy creo. Por que si no se cree, no hay manera de darle un continuará.
Y si no, pues mejor que no continúe.
La niña es una mujer, parece, pero yo creo que se ha quedado mirando el reloj hasta demasiado tarde. Y se ha saltado demasiados pasos y edades. Y ojalá no sea tarde. Por que soy una mosca con cinco años de vida más.
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