Y esque yo...

A veces me escondo... ¡Otras salgo aguerrida!

26.11.13

Punto.



Y escribo los puntos en los títulos de mis entradas porque no soy escritora,
                                                                                             sino Bea escribiendo.



E imaginarlos enamorados.

Me gusta que alguien cree un romance para un piano y un violín.
E imaginarlos enamorados.


25.11.13

Me gusta.


Me gusta saberte fugitivo en mí,
guardarte el calor entre mantas,
besarte el ojo izquierdo cuando
lo prefieras al derecho, ponerme
en sol cuando hay luna a tu la-do.

Me gusta que me lleves al baile
de los latidos corridos entre las
líneas de tus manos, por el atajo
del tacto agudizado en cada 
milésima de segundo del cuerpo.

Me gusta que me retengas al
anochecer en la luz ténue de
tus ojos tranquilos acariciando
nuestros secos labios encontrados,
entre tanta batalla perdida.

Me gusta que me guste saber
que me gusta el tú solitario
y que no me aterre el yo contigo
ni sin ti, porque me gusta el
ahora que hace torrente en mí.

Y es que me gusta ésto sin aquello
que dices que fue y joven se perdió,
porque tú que fuiste olvido
                          ahora eres libertad.

21.11.13


Invierno y miedo son sinónimos cuando no sabes por qué tiemblas.
Y tiemblo, y es invierno. Y son sinónimos.

Reventar debería llevar "b".

¿Dónde estás? ¿Me ves? ¿Escuchas mis pasos en el silencio del frío?
¿Escuchas como tiemblo? Te estoy esperando joder,
y la espera es azul, un azul feo que también tiembla.

Tras, tras, los dedos son de cristal rompiéndose en el vacío de punzadas.
Busco el cuchillo que no existe ya, lo aprieto entre mis manos, débil,
-que débilmente es toda mi fuerza-, con la punta sangrándome el estómago,
con sangre de falacia que duele más que la sangre que emana vulgar.

¿Dónde estás? ¿Puedes verme ahora aquí? ¿Escuchas ya los gritos?
¿No ves que rompo mis cuerdas vocales? Soy cadáver, joder,
y éste cadáver se mueve demasiado, quiero ser quietud.


Eco insoportable,
 sé accidente cuando no miro,
sé pistola de quien no siente,
sé antidepresivo en exceso.

Deja de ser sangre de la que arde invisible,
sé no-vida, sé olvido, sé sosiego, sé levedad,
por favor,
sé muerte mía.

¿Me escuchas? No quiero esperarte.
Tengo miedo -por eso siempre tiemblo-.


14.11.13




Un día de estos me estalla el puto pecho de tanto sentir.

Por favor ¿Un arranca corazones?








Lamento no haberte amado.

Lamento no besarte todas las noches,
y con esos besos destrozarte los pulmones,
lamento no taparte con mis tristezas
haciendo del frío, el hielo insoportable.

Siento que nuestros años no se den la mano,
para celebrar que avanzan mientras nosotros
nos hundimos en el fango del silencio de agujas.

Lamento que mi miedo haya impedido
tus rabietas por mi irresponsabilidad constante,
tus fueras de control por mis evasivas,
nuestros brazos cruzados por orgullosos.

Siento de veras que no me des ese beso
rechazado por niña caprichosa enfadada,
que no me supliques que te entienda
cuando te entienda y tú no puedas entenderme a mí.

Lamento las noches de borrachera que
no tendrás que aguantar sujetándome el pelo
mientras recuerdo a antiguos amores
aún jurándote que eres tú el único "hoy".

Que sí, que lo siento, cuando no te enceles
por mi sociabilidad inestable y el amigo que
tanto me abraza, también al que me follé y con
el que río a carcajada y tan raramente me llevo bien.

Lamento no haberme abierto,
no haber podido amarte aún a
pesar de mi deseo por haberlo hecho.
Sé lo que pierdo, pero mira,
igual deberías darme las gracias
por lo que tú perderás.



6.11.13

Hay que reestructurar.

Necesidad de escribir no es lo que encuentro en este momento -es más bien un vacio- pero quizás debiera intentarlo para organizar mi mente. Mi cabeza ahora mismo está estructurada como una biblioteca de ciudad capital desordenada, con los libros de la letra A en los de la J y los de la J en la A, B, I e incluse en la Z.
Yo misma, dueña de lo que se halla entre estas cuatro paredes llenas de tabiques me hallo perdida y desalentada sin una sola puerta de entrada ni de salida.
Lo que más miedo y a su vez conmoción me produce, es que la puerta de entrada carece de importancia respecto a la de salida de emergencia; pero eso siempre ha sido así aquí dentro.
Supongo que hay que reestructurar y hacer limpieza aunque no estoy totalmente segura de querer hacerlo.

Vuelve a ser tarde, como siempre. Aquí los conejos no son felices ni llevan sombreros, pero sí corren como unos hijos de puta debido a la prisa que llevan, enganchándose y desgarrando cada uno de los obstáculos con los que se cruzan.
Quizás sea mejor dejarlo para otro momento. Mi psicóloga tendrá que esperar una semana más para aburrirse leyéndome.

¿Soy yo la loca, o acaso, sois vosotros los del corazón tuerto?