¿Dónde estás? ¿Me ves? ¿Escuchas mis pasos en el silencio del frío?
¿Escuchas como tiemblo? Te estoy esperando joder,
y la espera es azul, un azul feo que también tiembla.
Tras, tras, los dedos son de cristal rompiéndose en el vacío de punzadas.
Busco el cuchillo que no existe ya, lo aprieto entre mis manos, débil,
-que débilmente es toda mi fuerza-, con la punta sangrándome el estómago,
con sangre de falacia que duele más que la sangre que emana vulgar.
¿Dónde estás? ¿Puedes verme ahora aquí? ¿Escuchas ya los gritos?
¿No ves que rompo mis cuerdas vocales? Soy cadáver, joder,
y éste cadáver se mueve demasiado, quiero ser quietud.
Eco insoportable,
sé accidente cuando no miro,
sé pistola de quien no siente,
sé antidepresivo en exceso.
Deja de ser sangre de la que arde invisible,
sé no-vida, sé olvido, sé sosiego, sé levedad,
por favor,
sé muerte mía.
¿Me escuchas? No quiero esperarte.
Tengo miedo -por eso siempre tiemblo-.
Temblar, temblar, temblar... pese a intentar disimularlo.
ResponderEliminarSilencio trémolo.
ResponderEliminarGracias por sentirlo.
No tiemblas porque tengas miedo: tienes miedo porque tiemblas...
ResponderEliminar_____________________________________________________
(Lo mismo te digo.)