No lo entiendes, me pides palabras que no están firmadas, me exiges que me desnude y no sólo
para follar, y no entiendes que es más fácil verme las tetas que ver lo que hay detrás de ellas. Te enfada, te desespera mi silencio pero no te das cuenta de que dice más que cualquier frase que pueda escupirte y que moje tu cerebro de forma innecesaria.
Son mis fantasmas, no quieras que sean también los tuyos por ahora, simplemente vamos a intercambiar las cosas sin forma que no asustan y por favor... no me lo digas. No me vuelvas a mencionar que te irás. Sé perfectamente que tienes alas, y eso te hace jodidamente especial, tanto que me dan ganas de pegarme unas con celofán a ver si consiguiera hacerme pasar por una especie de ángel a tu altura o algo por el estilo.
Pero por favor, no me lo repitas, no mientras estemos de cuerpos presentes cargándonos el mundo a balazos con nuestra maldita perfecta visión de fantasías. No lo hagas, estoy demasiado acostumbrada a tirar la toalla cuando ya alguien la va a tirar en mi lugar, y nosotros nos merecemos una historia bonita, más bonita que la de esas parejas vulgares que no tienen palomas en las yemas de los dedos.
Vamos a quedarnos sin munición mientras estés aquí, vamos a malgastar todas las balas que nos queden. Y espera por favor... espera y entiende sin presionar que tengo miedo, y que no puedo desmantelar ésto para ti hasta que nos hayamos comido todo lo que hay en la mesa.
Tú... pensar que eres tú.
Tú que estuviste aquí dentro desde que tengo conciencia de latidos acelerados y miedos.
Tú que fuiste el único, la comparación que si viniera a por mí sería la única opción posible.
Nunca has dejado de estar aquí, por eso, vamos a cargarnos todos éstos años a polvos y caricias, que ya te digo... creo que nos lo merecemos y las cartas están echadas a mala leche.

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