Y esque yo...

A veces me escondo... ¡Otras salgo aguerrida!

25.4.13

Todavía en mis pupilas emergen tus perfiles desnudos, los párpados se cierran rabiosos ante ti, 
y apareces con más nitidez aún, con tu guitarra cubriendo tu sensualidad 
para hacerla aún más bella y prodigiosa. 
Y el coche en el que vas al trabajo, es aquel que pedía a gritos clemencia 
cuando veía como lloraban los poros de nuestras pieles adheridas a la pasión y al cansancio. 
El que se adentraba en callejones oscuros para recoger los pedazos de mi cuerpo ensangrentado,
de mi vergüenza y de nuestro engaño.
Después nos escuchaba, callados, haciendo del silencio un purgatorio disfrazado de edén, 
donde el único sonido capaz de descifrarse era el de nuestras miradas, 
el mismo que nos llevó a estar allí.
Poco después no había un después, cogías tu guitarra y dejabas que tus dedos hicieran lo demás,
y ahí yo ya no estaba, pregúntale a tu coche, solo quedaban de mi mil suspiros, 
un cuerpo tumbado en sus asientos, mis manos alzadas con un cigarrillo moviéndose al compás de tu flamenco y unos ojos cerrados negándose a abrirse para volver a empezar de nuevo.
Luego otra vez, callejones oscuros y adiós. 
Nos quedábamos solos mi secreto, mi desesperanza y yo.
Aún te recuerdo cuando el insomnio me deja sin un sueño al que aferrarme en la noche,
y aquí, tras tanto y tanto pasado, sabiendo tu juego y ya con mitad de mis anhelos quemados,
te doy gracias por lo aprendido, por darme el valor para alejarme de lo malo, de tí,
y por haber dejado en mi impregnadas tantas bellas imágenes a tu lado.
Quizás algún día protagonices mi relato sobre amores clandestinos, sucios, repletos de puñales que lanzar,
quizás algún día, de alguna manera, te deje de ar.

Bodriosrock

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