Nos mentimos de nuevo. El mundo sigue girando y acabamos en la misma cama creyendo que nosotros también lo haremos. Parece más sencillo besarse en busca de palabras que hablar, y lo es. Parece más sencillo chuparse que acariciarse, y lo es. Pero todo falla como ha de follar, y yo me obligo a sacarme de dentro los kilos que cogen los días a base de teclear en el ordenador, y ver si mis dedos van deshaciéndose de algunas calorías de este sobrepeso etéreo. Pasamos del prólogo a la última página y nos ahorramos el buscarnos las 7 diferencias en el libro equivocado. Mi risa es puro nerviosismo cuando no quiero y me pongo alitas de pollo en el costillar.
Qué bonito esto de equivocarse. Después, digo, después será.
Ahora es un escalón más.
Qué dulce eres, me dices por cumplir, qué coñazo, no nos decimos por la misma razón.
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