Tuvo que haber existido, fuera de los hinchados espejos de cobardía también recuerda la levedad de sus pasos, el movimiento de pelo natural, las miradas a los ojos con la facilidad de meterse una patata frita a la boca. Tuvo que haber existido... No puede ser inventado.
La gente se mueve, ¿tendrán ese miedo también? ¿Sabrán a qué se debe? ¿Les importará lo más mínimo? ¿Serán capaces de descubrirme? ¿Me verán como un pelo en la sopa al que nadie hace mención por compasión al cocinero? ¿Cuándo empezó a fingirse? Es más, ¿cuándo fue capaz de no fingirse?
Ni los petas sentaban mal en los buenos tiempos.
Quizás siempre haya sido el canto de una moneda dejándose caer hacia donde no tiene más remedio de caer.
Quizás sea feliz de verdad, a veces, incluso cuando finge serlo.
Quizás todo consista en aceptarse; aunque se tengan 6 dedos en cada mano.
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